Ayudo a empresas a adoptar inteligencia artificial sin comprar humo: identificamos dónde se pierde el tiempo de verdad, automatizamos lo que se repite y tiene respuesta correcta, y dejamos en manos de personas lo que necesita criterio.
Agendar una llamada →La mayoría de las empresas que conozco no fracasan automatizando porque la tecnología falle. Fracasan porque automatizaron lo que no debían: compraron una herramienta, la pusieron a hacer lo más visible, y meses después descubrieron que aceleraron algo que nunca fue el cuello de botella.
El cuello de botella casi nunca es la tecnología. Es una decisión importante esperando información que llega tarde. Alguien que cada lunes junta datos de tres lugares para armar el reporte con el que se decide la semana. Alguien transcribiendo facturas a mano. Cotizaciones que nadie volvió a tocar.
Ahí es donde entro: primero a entender cómo trabaja tu operación de verdad, después a simplificar, y solo al final a automatizar. En ese orden, siempre.
La mayoría de los consultores de IA te recomiendan herramientas. Yo he construido los sistemas por dentro, y esa diferencia es todo.
He construido y operado infraestructura para comunidades de más de quince mil personas, plataformas de trading, sistemas de pagos y de verificación de identidad, y software de operación para empresas que no se pueden dar el lujo de que algo se caiga. También sistemas de compras y conciliación de facturas para el sector construcción.
Esa cantidad de sistemas distintos hace algo muy concreto cuando me siento a ver cómo trabaja tu empresa: reconozco el patrón. Sé qué proceso se va a romper cuando crezcas diez veces, cuál está esperando información que llega tarde, cuál parece un problema de tecnología pero en realidad es de criterio, y cuál no conviene tocar todavía.
Un consultor que solo ha recomendado herramientas tiene que adivinar eso. Yo ya lo viví, con dinero real y operaciones reales de por medio, y cada sistema me dejó una cicatriz. Las cicatrices enseñan cosas que ningún curso enseña.
Por eso el valor de esta consultoría no está en la herramienta que te recomiende. Está en saber cuál de tus procesos vale la pena automatizar primero, cuál se resuelve sin gastar un dólar, y cuál no se debe automatizar nunca.
Los proyectos de automatización que entrego arrancan típicamente en el rango de cinco cifras bajas y varían según cuántos procesos entren, qué sistemas haya que conectar y si hace falta construir software a medida. Antes de cualquier número te digo qué se puede resolver con herramientas que ya existen, incluso gratuitas, y qué requiere construcción real. Si tu caso se resuelve sin contratarme, te lo digo.
El primer proceso automatizado suele estar funcionando en semanas, no en meses. Empezamos por uno solo, el más repetitivo, para que el equipo vea el resultado antes de comprometerse con más.
No, y no es lo que busco. Bien hecho, esto le quita a tu gente la parte más aburrida y le deja la parte donde son valiosos. Eso, casualmente, es lo mismo que hace que se queden contigo.
La conversación cuando algo salió mal, la decisión final sobre una persona, y cualquier proceso que todavía no entiendas bien. Automatizar un proceso desordenado no lo ordena: lo hace fallar más rápido.
Depende del camino que elijamos, y es una decisión tuya que te explico antes de construir nada. Hay opciones donde la información no sale de tu infraestructura, y otras más económicas donde sí. Te doy los tres caminos reales con sus costos.
Sí. Trabajo con empresas en Panamá, el resto de Latinoamérica, Estados Unidos y Dubái. El levantamiento se puede hacer remoto sin perder profundidad.
Una llamada para entender dónde se te va el tiempo. Si no hay nada que valga la pena automatizar todavía, te lo digo y no te cobro por descubrirlo.
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